Las condiciones climáticas extremas de los últimos días de enero no sólo crearon situaciones realmente penosas para millones de personas. También mostraron una seria imprevisión con respecto a fenómenos que venían siendo largamente anunciados.
 
Hace tiempo que los ambientalistas venimos advirtiendo que los problemas vinculados con el cambio climático global no deben ser pensados solamente en términos del derretimiento de los hielos del Antártico o del aumento de las inundaciones tropicales. Nos interesa analizar la manera en que el cambio climático nos afecta a nosotros mismos y definir estrategias de prevención ante hechos que sabemos van a ocurrir.
 
Tenemos la certeza de que Buenos Aires se está haciendo más húmeda y más calurosa. Eso significa, por ejemplo, que vamos a tener mayor frecuencia de lluvias que provoquen inundaciones. Por eso, no puede entenderse el retraso en definir un plan hidráulico razonable para la Ciudad de Buenos Aires, que contemple tanto un conjunto de obras como una serie de acciones de adaptación a esos hechos, tales como la definición de mapas de riesgo de inundaciones y los necesarios cambios en los Códigos de Planeamiento Urbano y Edificación.
 
Hasta ahora, lo único que se hizo en ese tema fue un proyecto de reservorios para guardar el agua de lluvia, como una forma de prevenir inundaciones. Ese proyecto se mantuvo hasta una presentación judicial nuestra en la que pedimos que se realizara una evaluación de impacto ambiental. A partir del momento en que la justicia advirtió al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que esa obra no podía construirse sin la mencionada evaluación de impacto, el proyecto se diluyó, sin que haya noticias de si se continuará con él o no. 
 
Pero el cambio climático implica mucho más que esperar mayor frecuencia de inundaciones. Tenemos que esperar mayor proliferación de vectores de enfermedades (insectos, roedores) y mayor frecuencia de enfermedades como el dengue y la leptospirosis, que eran raras entre nosotros.
 
El cambio climático requiere de una política sanitaria y de comunicación social que aún no ha sido implementada, y, sospechamos, ni siquiera ha sido pensada. Sin embargo, hay suficientes elementos para construirla, los que han sido hasta ahora desaprovechados.
 
Uno de esos elementos son los trabajos científicos presentados en el "Primer Encuentro: Adaptación de la Ciudad de Buenos Aires y Área Metropolitana al Cambio Climático", que nosotros realizamos en la Facultad de Derecho de la UBA durante los días 14 y 15 de noviembre de 2001. En ese Encuentro se presentaron más de 50 ponencias sobre cómo actuar ante el cambio climático en temas tales como Salud, Marco Jurídico, Infraestructura, Medio Ambiente, Abordaje Socio-Político, etc. Dichas ponencias están publicadas en un CD que se entregó a los asistentes al Encuentro y a las autoridades de la Ciudad de Buenos Aires.
 
En esta entrega estamos brindándoles las conclusiones de uno de los trabajos presentados a ese Encuentro, referido a cómo actuar ante días como los que acabamos de pasar. Se trata de un trabajo de Matilde Rusticucci, M. Laura Bettolli y  M. de los Ángeles Harris, que combina aspectos médicos con datos meteorológicos. La idea es poder utilizar el pronóstico meteorológico para predecir, no sólo si va a llover o no, sino también de qué puede llegar a enfermarse la gente.
 
Existe una estrecha correlación entre las condiciones meteorológicas y el tipo de síntomas o de enfermedades que desarrollan las personas. Esto puede saberse con un grado de precisión mucho mayor del que surge de la intuición o la experiencia personal de los profesionales de salud. Tenerlo en cuenta significa poder planificar con mayor racionalidad los servicios de salud, lo que es particularmente útil en condiciones climáticas extremas, como las que convirtieron a la Ciudad de Buenos Aires en un horno.
 
Jacques Antoine Volaire: "Erupción de Vesubio" (se refiere a la de 1777), España, colección particular.


RELACIÓN ENTRE LAS ASISTENCIAS AL SERVICIO DE GUARDIA Y EL ESTADO

DEL TIEMPO EN BUENOS AIRES

Matilde Rusticucci, M. Laura Bettolli y  M. de los Ángeles Harris

mati@at.fcen.uba.ar

CONCLUSIONES

Todos los resultados obtenidos muestran la existencia de una relación comprobable entre ciertas patologías y el estado del tiempo en la ciudad de Buenos Aires. Los valores de los percentiles de la temperatura y depresión del punto de rocío, junto con las anomalías de la circulación en dichos días extremos, son el umbral a partir del cual se obtienen diferencias en las asistencias a las guardias.

Inmediatamente surge que la continuidad de investigaciones en esta línea sería de una gran utilidad para la sociedad y su transferencia, inmediata.

En verano, el grupo de Patologías dermatológicas y alergias, tiene más casos que en invierno. Se presentan más casos de asistencias después de varios días con baja presión y altos valores de temperatura y humedad, y estas asistencias están relacionadas con días climáticamente extremos.

Estos resultados coinciden con Murray et al. (1985), quienes relacionan los alergénicos a la humedad. Otros autores, como Holm et al. (1999), relaciona a la humedad con la dermatitis.

Las asistencias a los servicios de guardia de casos con desórdenes Neurológicos y psicopatológicos, están anticipadas por vientos del oeste (condiciones de sequedad) hasta dos días de adelanto, con baja presión un día anterior, y calma en el mismo día, para verano. Esta relación podría conformarse por distintas patologías que conforman el grupo, ya que, en trabajos como el de Biller et al. (1988), se muestra la relación entre cambios del tiempo y la ocurrencia de accidentes cerebrovasculares, además los infartos cerebrales tienen un incremento significativo durante verano, que otros accidentes no tienen. También la manía tiene un pico en verano Myers and Davies (1978).

Existe una relación entre condiciones de bajos valores de presión, alta temperatura y humedad, que se pueden utilizar para anticipar máximas asistencias en el grupo de Patologías digestivas y abdominales, uno o dos días antes de que ocurran, este grupo es el más predecible en invierno. Este efecto puede estar debido, en parte, a una patología contenida en él, el cólico. Al-Dabbagh and Fahadi (1977) sugiere que en verano se producirían las piedras, y en invierno descenderían produciendose más casos de cólicos y Fujita (1979) estudiando la variabilidad diaria coincide con estos resultados.

El grupo: ‘Patología osteomuscular y traumatismos, contusiones, abiertos y cerrados’, mostró una alta correlación con acumulación de calentamiento, una relación que se puede explicar debido al mal descanso nocturno. En ambas estaciones se presentan más casos en los días extremadamente cálidos.

Los valores de percentiles de temperatura y depresión de punto de rocío, además de las anomalías en la circulación asociada con los días signficativos, son un umbral a considerar para alertar al servicio de Guardia sobre la asistencia de mayor cantidad de pacientes en algunas patologías.