Hace treinta y cuarenta años, Antonio Berni pintó una serie de cuadros con un personaje al que llamó Juanito Laguna. Juanito era un niño que vivía en una villa de emergencia, dormía en un basural, soñaba con la exploración espacial y se ganaba la vida recogiendo residuos en las calles. Para crear un clima apropiado, Berni utilizaba latas viejas y otros desechos en los collages incluidos en sus cuadros.
 
Con ese personaje puesto en las elegantes galerías de arte, Berni trataba de despertar la atención de la sociedad hacia las víctimas de las políticas de industrialización de las décadas de 1960 y 1970. En aquella época se utilizaba la expresión "marginados", porque se trataba de sectores minoritarios, a los que no había llegado el bienestar del resto de la población.
 
Hoy, que las víctimas de las políticas de desindustrialización suman millones, no nos atreveríamos a calificar a esos millones de marginados. Ni necesitamos que nadie nos llame la atención acerca de nuestra realidad cotidiana, ya que cualquier calle trasciende lo que Berni mostró en algunos espacios privilegiados.
 
La única diferencia es que en algún momento miramos con piedad a Juanito Laguna, mientras que ahora sabemos que si continúa el actual modelo económico, ése será el destino de nuestros hijos.
 
A continuación, un  informe de Sergio Recio y Edith Godón sobre los cartoneros en la Ciudad de Buenos Aires. Quiero destacar no sólo los aspectos de pauperización -incomprensibles en un país como el nuestro- sino también la presencia de sectores mafiosos que explotan impunemente a los cartoneros, en lo que parece una copia de otras relaciones sociales.
 

¿Éste es el futuro que proponen para nuestros hijos? (Antonio Berni: "Juanito Laguna ciruja", óleo sobre tela, 1978)


                                Los Cartoneros de la Ciudad

                                                                                              Por Sergio Recio

                                                                                                 y Edith Godón

En la Región Metropolitana se estimaba en el año 2001 que trabajaban alrededor de veinticinco mil personas con la basura y los residuos depositados en las calles de la ciudad de Buenos Aires.

Con la crisis actual, con una tasa de desempleo del 25 por ciento, esa cifra se estima hoy al doble.

Esta tarea que se realiza por extrema necesidad, consiste en la recolección informal y la posterior venta de residuos  aprovechables cuyo destino final  se presume es el reciclaje de ese material.

Son las 17,25 hs. de un día laborable cualquiera.  Teresa está sentada en la esquina de Diagonal Norte y Bme. Mitre.  Su cara registra rasgos añosos.  Espera que su esposo se acerque con más bolsas, cartones y cajas que hay en la zona del microcentro.

Son cartoneros o botelleros o lateros.  Apenas desde hace algún tiempo se ganan la vida recogiendo los desechos y residuos de la calle.

Unos pocos minutos más tarde, el centro de la ciudad comienza a recibir una oleada de familias realizando la misma tarea de recolección.  Muchos de ellos, llegan luego de caminar  cuarenta o cincuenta  cuadras. La mayoría  de ellos, proviene del Gran Buenos Aires y zonas deprimidas socialmente de la ciudad.

Varias de éstas familias vienen con uno o dos changuitos, vaya a saber de qué supermercado perdido o sustraído en las jornadas trágicas del mes de Diciembre pasado.

Mamá, Papá, Fosforito y Peca, recorren las estaciones de subte desde las 18,30 hs.  Su objetivo es recoger ejemplares del Diario La Razón que ya leídos por los pasajeros, son abandonados en los vagones o depositados en los cestos de residuos.  Con suerte, al finalizar la jornada alrededor de las 23,30 hs. entregarán su carga a un recolector que les abonará entre nueve y doce pesos.   Eso deberá alcanzar para la comida de los cuatro.  Para otros menesteres, remedios, etc,  papá hará changas en la mañana desde muy temprano.

Pasan los minutos. El microcentro de la gran ciudad de Buenos Aires, se puebla de personas revolviendo cestos de residuos, bolsas, cajas, en busca de cartón, latas, papel, y otros.  Las zonas más recorridas son el Once, las recovas de los ministerios, la Avda. Santa Fe, Av. Cabildo en Belgrano, los barrios de Flores, Liniers, Pompeya , Constitución, Chacarita  Warnes, Plaza Italia , etc.  Hay  un lapso de tiempo para que la gente recorra las calles antes que las empresas concesionarias de recolección de residuos se los lleven.  Es una carrera contra el tiempo. 

También hay mafias que dominan sectores importantes frente a los Ministerios y Edificios Públicos.   Allí no podés meterte”, dice Sebastián de veintiséis años, casado, dos hijos.  Salgo a las cuatro de la tarde del Barrio Saldías, cerca de Retiro,  y vuelvo a casa a las nueve o diez de la mañana.  Hago varios recorridos por distintos lugares, reviso bolsas, junto todo lo que puedo.  Hay un camión que pasa por el centro y te compra la carga. Tienen una balanza. Te pesan tus cosas y juntás diez o quince pesos”...

También pasa por alguna panadería  que entrega las sobras del día “Eso sabe....es el pan para los chicos”.    Pero en los edificios públicos, tenés que pasar lejos” “si se te ocurre tocar una bolsa o un cartón, hay tipos que te sacan a patadas".   Eso es un grupo organizado, lo manejan tipos de plata. “Allí no podés meterte”. Ellos tienen celulares y autos que acompañan a los camiones de carga. Los camiones que refiere Sebastián son fácilmente identificables, ya que más allá de la carga que transportan, en su mayoría sus patentes no son legibles . Por ejemplo el Ford B 6314… y el óxido y los golpes impiden saber el dato completo.

¿Cómo pueden vehículos de estas características circular por las calles de Buenos Aires, sin ser detenidos por la Policia Federal?

Los  negocios que resisten la crisis y van quedando en Pompeya sacan entre las cinco y las seis de la tarde los rezagos de cartones y papel.  A las siete, ya no quedará nada de ello en las calles.

En el año 2001 el la Ciudad de Buenos Aires estudiaba la apertura de una guardería para niños de padres cartoneros, para que no estén en contacto con la basura ni revuelvan los cestos y disminuir de esta forma el contagio de distintas enfermedades que se adquieren al estar en contacto con los residuos. Como es habitual, sólo fueron estudios, papelería, burocracia y palabras incumplidas.

En algunas zonas hay individuos que hacen una primera pasada en camioneta.  La zona de la calle Pasteur, Lavalle y Av. Corrientes en el Once es el ejemplo.  Solo después que estas camionetas pasan, las familias podrán revisar los rezagos. Si eso no se cumple, las amenazas de golpiza, serán realidad.

Ana María y su hijo Gustavo viajan puntualmente en el tren de las 18,30 hs. que sale de José León Suarez, exclusivo para los cartoneros y cirujas de la basura.  Ana María no quiere contar, pero dice que por suerte vuelve en el mismo especial tren de las once y media con comida y cinco o seis pesos a su casa.  No quiere decir los lugares que recorre, pero sus veintiocho años representan al menos diez más en su rostro.

En 1995, la cantidad de basura había  disminuido un 10 por ciento en la ciudad. En 1997, esa cifra aumentó en un siete por ciento más y en 1999 un ocho por ciento. Hoy los residuos son casi la mitad que en 1995. Los ajustes económicos en los hogares a causa del desempleo y la recesión han modificado el consumo y por tanto el nivel de la calidad de la basura.

Los analistas que estudian el tema “basurología“, indican que los desechos siguen la misma curva de los procesos económicos. Por ende, a menor ingreso, menor consumo.

Durante el año 2001, según un informe del diario La Nación, se generaron 18,4 % menos de residuos que en el 2000. Un estudio adicional de la Cámara Argentina de Comercio, estableció que al menos trescientas mil personas perdieron su empleo durante los primeros seis meses del corriente año. Si pensamos que cada una de esas personas era al menos sostén al  menos de otras dos, esta cifra llega a novecientos mil, y ésta será una cifra multiplicada de disminución obligada de consumo. El por qué de la ecuación está dado en que los negocios cerrados ya no producirán (al igual que sus ex empleados), basura o residuos.

Aunque parezca mentira, al haber menos cosas que recoger de las calles, las mafias dominan con mayor poder a quienes, desesperados por la necesidad del alimento, llegarán hasta los golpes  por apenas unos magros cartones.  El 46 por ciento de los residuos de la gran ciudad, son botellas, papel, cartón, latas y envases.

En zonas como Puerto Madero, Av. Libertador,  Patio Bullrich, Recoleta y otros, los residuos se retiran puerta a puerta, justamente para evitar que los cartoneros tengan acceso antes y den a la “sociedad “ una mala imagen .

Carlos, un hombre alto, añoso y algo encorvado, hace años que recorre la Avda. Santa Fé entre el Botánico y Pueyrredón. “Hay porteros que me conocen y me guardan diarios”. Su bicicleta tira un carrito de dos ruedas. A las once de la noche, un camión pasará por Pueyrredón y Santa Fe. Evaluará su recolección del día y le pagará quince o dieciseis  pesos, según sus cálculos. “Los sábados y domingos también recorro.  Es que en esta época de escasez, cuesta mucho hacer unos pesos. ¿Sabe? -comenta con la mirada perdida vaya a saber en que tiempos- para comer no hay feriados .”

Así, por distintas calles, cientos de personas recogerán de la basura su sustento. Con o sin lluvia, con o sin frío o calor, la única evidencia de su paso, son las bolsas desparramadas por las veredas, aunque la mayoría son prolijos y ordenados.

Mateo y Silvina tienen apenas diez años, son reticentes para hablar, sin embargo con su pobre léxico explican que ayudan a su madre “que limpia en lo de una señora. Nosotros recogemos latitas". Allí van con dos bolsones, revisando cada lugar con basura. Introducen sus manos pequeñas e inexpertas en cualquier bolsa, con el consiguiente riesgo de lastimarse e infectarse. Ellos no saben de ese tema. Empero son hijos de la crisis que ya los atrapó.  Sus juegos son encontrar en la basura el sustento diario.

Es la 01,30 hs. de la madrugada. En Paseo Colón y San Juan varias personas con bolsas y carritos se agrupan. Están a la espera del “Camión que paga”. Allí subirán su recolección de la noche. Muchas veces y según los días, es magra.

Seis pesos.  Doce pesos.  Siete pesos, trece pesos.  Desde el camión van pagando.  Entre los pesos hay patacones. Probablemente algún bocón. Es lo mismo. Quienes reciben no distinguen la diferencia. En algunas horas lo transformarán en alimentos. Será la subsistencia del día para él y su familia.  Algunos llevan bolsitas colgadas al cinturón  Es comida...vió...” “Pnes, verduras que la gente ve en mal estado y la tira”.  Algunas maquinitas de afeitar, que a mí me vienen bien. Todavía duran”, dice el rubio, que no da su nombre.

Entanto el camión paga y recoge, otro vehiculo (por lo general autos) vigilan la operación.

El camión se marcha. En la madrugada de mañana estará en otras calles. Nunca en la misma. El por qué no lo sabemos pero lo presumimos.  En realidad sustraen la basura que corresponde a las empresas concesionarias de recolección de la ciudad.  Existen varias denuncias.  Sin embargo, nadie se enfrenta con estas organizaciones, ni le pone límites.

Según la revista Gente, la esquina de Rivadavia y Esmeralda, está el viejo “Meza”. Es otro de los supuestos capos de la basura. Pero en esta investigación podemos decir que en Blanco Encalada y Arcos, “el Negro“ también se supone es otro capo. Y la tarea de recorrer Liniers, obliga a observar en Ramon Falcón casi General Paz a un tal Miguel, pagando a esas personas  que llevan su carga.

La misma revista apunta que entre los recolectores le pagan a la policía entre 80 y 100 pesos semanales para poder trabajar "sin que te jodan“. Pero no siempre los actores son los cartoneros. Muchos encargados de edificios han olido el negocio y ellos también ahora encontraron una veta para hacerse unos pesos. Separan del edificio el material, lo acopian y se lo venden directamente al camión o camioneta que se los pasa a retirar.

En la Ciudad de Buenos Aires existe una Ordenanza N° 33.581 y la Ley 10 del Código Contravencional de la Ciudad, que prohíben puntualmente la actividad del cirujeo, buscavidas, cartoneros, etc.

Las autoridades del Gobierno de la Ciudad  están elaborando un plan para desalentar el cirujeo en algunas áreas de la Capital, principalmente en el microcento y  los circuitos turísticos.

Hubo una etapa de negociación donde se les pidió que se abstuvieran de ingresar con carros tirados por caballos. A  pesar de ello es frecuente verlos en algunos barrios alejados del centro, como Villa Pueyrredon, Núñez, Saavedra, Liniers, etc. 

Cerca de zonas carenciadas de la Ciudad de Buenos Aires, se han observado depósitos donde las camionetas acopian el material que luego es enfardado y trasladado en camiones a fábricas para su reciclado. 

La cantidad que el CEAMSE  espera recolectar de resdiuos  este año es de un millón y medio de toneladas, contra las dos millones de 1999. En parte por la recesión y en otra por el aumento del cirujeo, forma indirecta de la recesión.

Aurora y Walter quedaron sin trabajo. Ella se desempeñaba como mucama en un hotel de Constitución y él, obrero de la construcción. ”Cada día nos cuesta más encontrar material bueno. Es que ahora mucha gente como nosotros se la rebusca recolectando residuos. Lo que hacemos es ir con este carrito que armó Walter a partir de las dos de la tarde para ganarles a otros y juntar más …

En este contexto, en la necesidad de abaratar los costos de sus productos al público, las empresas han modificado la calidad del material de los envases por otro más económico.

La consecuencia es que los cartoneros deben multiplicar sus esfuerzos para llegar a juntar el peso que luego sea beneficioso en el momento del pago.

Mirta, en la calle Rivadavia 7200 de Flores, sin levantar la vista de la bolsa que revisaba afanosamente decía “Cada día encuentro menos papel y comida. Vengo de muy lejos, vió … cada día camino más para llevarme menos.

El anochecer se presenta muy frío.

Cuatro niños de distintas edades que no superan los nueve años, tres nenas y un varón  junto con sus papás revuelven un contenedor en la puerta de la SIDE frente justo a la propia Casa Rosada. De pronto encuentran un hueso con restos de carne, de lo que fuera un costillar entero. Es tan pesado que el padre lo alza y lo coloca en la bicicleta y todos lo miran con asombro. La mamá lo mira y les dice  Vamos a casa a hacer una rica sopa, ¿si?"

El tema cartoneros es tan vasto que tiene distintas aristas imprevisibles.

Niños mal alimentados que no concurren a las escuelas, que manejan carros tirados por caballos en pleno tránsito de la ciudad, mujeres embarazadas caminando horas en busca de su sustento, desempleados ignorados, enfermos crónicos que no poseen recursos para recibir apenas una atención primaria, etc.  

Hacia las tres de la madrugada, la ciudad  casi está vacía de buscadores. En esas horas ya no hay residuos, ni bolsas, ni cartones, ni comida, nada que revisar. Fosforito, Peca y sus papás, Sebastián, Ana María y Gustavo, Carlos, Mateo, Silvina y el rubio, Aurora, Walter y Mirta,  son personajes reales de este relato.  No hablan mucho porque tienen miedo de los poderosos de la mafia de la basura que vaya a saber cúal es el político de turno que los protege y avergüenza frente a  la persona que está ante ellos.

Más allá de su tarea honesta, la sensación que se percibe es el abandono social de estos niños y personas que se encuentran fuera del circuito de trabajo, excluidos del sistema productivo y del sistema educativo. Casi sin esperanza en un futuro mejor, mañana,  volverán a recorrer Buenos Aires en busca de su sustento, revolviendo la basura, con alto riesgo de contraer enfermedades, a las que un sistema sanitario deficiente y carente de insumos dará pocas respuestas a sus penurias y necesidades.

En tanto quienes conducen los destinos del país, continúan discutiendo con el FMI, con sus opositores, entre ellos mismos, qué nuevos impuestos imponer a  la vida de los argentinos.


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