En la Defensoría del Pueblo estamos tratando de combatir la existencia de basurales a cielo abierto en la Ciudad de Buenos Aires. Lo primero es hacer un registro de basurales para reclamar su saneamiento al Gobierno de la Ciudad y les pedimos su colaboración. Para eso, la semana pasada distribuimos el siguiente comunicado de prensa: 

CONVOCATORIA A VECINOS PARA ERRADICAR BASURALES

    La Defensoría del Pueblo porteña convoca a los vecinos de la ciudad de Buenos Aires a que denuncien la existencia de basurales a cielo abierto.

    Estos basurales representan un grave riesgo ambiental y sanitario; por eso convocamos a los ciudadanos para que nos hagan conocer dónde se encuentran y así pedir su eliminación”, declaró la Defensora Alicia Oliveira.

    Por su parte, el Defensor Adjunto Antonio Elio Brailovsky remarcó “la importancia de que los vecinos participen en defensa de su medio ambiente para lograr que el Gobierno de la Ciudad cumpla con su función y erradique definitivamente los basurales”.

NOTA: Invitamos a los vecinos a comunicarse al teléfono 4338-4900 Internos 7538/7544/7545.

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¿Tenemos que llegar a esto para que los responsables se hagan cargo?

La respuesta del primer día fue impresionante: el teléfono no paraba de sonar. Llamaron vecinos de toda la Ciudad denunciando diversos hechos que documentan la más absoluta negligencia en el manejo del saneamiento urbano. Al mismo tiempo, en esas primeras conversaciones nos dimos cuenta de la complejidad del problema, ya que la situación económica y social está variando nuestros hábitos en relación con los desechos urbanos.

Por ejemplo, la desocupación está creando una dura competencia por las bolsitas de residuos. Son tantas las personas que comen de la basura y tan fuerte la competencia entre ellas, que no tienen tiempo de desatar prolijamente cada bolsa, verificar su contenido, volverla a atar e ir después a la siguiente. Si se toman todo ese tiempo, habrá otro que se quede con lo que pueda haber en la bolsita siguiente. El resultado: el cirujeo (que hasta hace unos meses era más prolijo) termina desgarrando las bolsas y desparramando los restos por la vereda.

La respuesta de muchos encargados de edificios fue tirar las bolsas en otra vereda, generalmente la de una plaza o de una escuela pública, ya que allí no hay otro encargado de cuidar y limpiar. Es decir, que las pilas de basura se acumulan todos los días en las plazas, en el frente de las escuelas y, en general, en los lugares públicos.

Esto nos plantea algunas dificultades en cuanto a qué pedirle al Gobierno de la Ciudad cuando le entreguemos la lista de basurales. Es claro que los hábitos de las personas que cirujean difícilmente puedan ser cambiados. ¿Es posible contar con la buena voluntad de aquellos a quienes hemos marginado hasta el extremo de no dejarles otra fuente de sustento que la basura? Por su parte, los trabajadores de edificios no hacen más que cuidar su trabajo, ante el temor de quedar en la misma situación de aquellos que revuelven los tachos. En cuanto a la empresa recolectora, ¿tendríamos que hacerle un contrato para que pase a barrer las veredas de la Ciudad después de la medianoche?

El tema difícilmente tenga solución, pero es necesario ponernos a pensar en todos los paliativos posibles.

Nosotros nos quejamos -y con justa razón- de la basura en el suelo. ¿Qué tiene que decir la gente que tiene la basura en la mesa, los días que logra conseguirla?


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